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lunes, 1 de noviembre de 2021
martes, 19 de octubre de 2021
1 Lirica Popular Edad Media. Jarchas, Cantigas. Mester de juglaría. Cant...
Para ver un resumen de la Literatura de la Edad Media, podéis ver el siguiente vídeo publicado en Youtube
domingo, 6 de octubre de 2019
CANTAR DEL MÍO CID
(Episodio del Cid y el león)

En Valencia con los suyos vivía el Campeador;
con él estaban sus yernos, Infantes de Carrión.
Un día que el Cid dormía en su escaño, sin temor,
un mal sobresalto entonces, sabed, les aconteció:
Escapóse de una jaula, saliendo fuera, un león.
Los que estaban en la Corte sintieron un gran temor;
recogiéronse sus mantos los del buen Campeador,
y rodean el escaño en guarda de su señor.
Allí Fernando González, Infante de Carrión,
ni en las salas ni en la torre donde esconderse encontró;
metióse bajo el escaño, tan grande fije su pavor.
Diego González, el otro, por la puerta se salió
diciendo con grandes gritos: -¡Ay, que no veré Carrión!
Tras la viga de un lagar metióse con gran temor;
todo el manto y el brial sucios de allí los sacó.
En esto que se despierta el que en buen hora nació;
de sus mejores guerreros cercado el escaño vio:
-¿Qué pasa aquí, mis mesnadas? ¿Qué queréis? ¿Qué aconteció?
-Es que, mi señor honrado, un susto nos dio el león.
Apoyándose en el codo, en pie el Cid se levantó:
El manto se pone al cuello y encaminóse al león.
La fiera, cuando vio al Cid al punto se avergonzó;
allí bajó la cabeza, y ante él su faz humilló.
Nuestro Cid Rodrigo Díaz por el cuello lo tomó,
y lo lleva de su diestra y en la jaula lo metió.
A maravilla lo tiene todo el que lo contempló.
Volviéronse hacia la sala donde tienen la reunión.
Por sus dos yernos Rodrigo preguntó, y no los halló;
aunque a gritos los llamaban, ni uno ni otro respondió,
y cuando los encontraron, los hallaron sin color.
No vieseis allí qué burlas hubo en aquella ocasión;
mandó que tal no se hiciese nuestro Cid Campeador.
Sintiéronse avergonzados Infantes de Carrión;
fiera deshonra les pesa de lo que les ocurrió.
Anónimo
Este fragmento pertenece al Cantar de la afrenta de Corpes, tercera parte de “El Cantar del Mío Cid”, ya que hace referencia a un suceso en el que los Infantes de Carrión son humillados por los hombres de El Cid
domingo, 18 de octubre de 2015
JORGE MANRIQUE (I)
JORGE MANRIQUE (Siglo XV)
Si te interesa conocer algo de la vida de Jorge Manrique, puedes ver este vídeo de youtube, que hace un resumen de su biografía. En él puedes darte cuenta de la importancia de este personaje en la época que le toco vivir
El
siguiente vídeo (enlazado desde Youtube), es una adaptación del
cantautor Amancio Prada, de las Coplas a la muerte de su padre
de Jorge Manrique. Si te fijas bien en ella, puedes entender el
sentimiento del hombre de la Edad Media.
ROMANCES MEDIEVALES
EL ROMANCE
El romance es un poema formado por una serie indefinida de versos octosílabos, de los cuales los versos pares riman en asonante y los impares quedan libres.
Los romances en la Edad Media, se difundían oralmente, esto es, se
pasaban de unos a otros como las leyendas de hoy en día ya que por aquel
entonces casi no existían los libros, posteriormente sí que los
recopilaron todos en un libro llamado el romancero.
El romancero es la agrupación de todos los romances que se han escrito desde el siglo XIV hasta nuestros días.
El romancero viejo: Está
formado por todos los romances anónimos compuestos desde el siglo XIV
al siglo XVI. Centenares de romances que desplazaron a los extensos
cantares de gesta.
El romancero nuevo: Está
formado por todos los romances nuevos o artísticos escritos por autores
cultos (Lope, Quevedo, Cervantes…) y conocidos a partir de la segunda
mitad del siglo XVI.
Como ejemplo podemos escuchar el Romance El Enamorado y la Muerte, interpretado de forma excepcional por el músico y folklorista Joaquín Díaz
ROMANCE DEL
ENAMORADO Y LA MUERTE
Un sueño soñaba
anoche
soñito del alma
mía,
soñaba con mis
amores
que en mis brazos
los tenía.
Vi entrar señora
tan blanca
muy más que la
nieve fría.
-¿Por dónde has
entrado, amor?
¿Como has entrado,
mi vida?
Las puertas están
cerradas,
ventanas y
celosías.
-No soy el amor,
amante;
la Muerte que Dios
te envía.
-¡Ay, Muerte tan
rigurosa,
déjame vivir un
día!
-Un día no puede
ser,
una hora tienes de
vida.
Muy deprisa se
calzaba,
más deprisa se
vestía;
ya se va para la
calle,
en donde su amor
vivía.
-¡Ábreme la puerta,
blanca,
ábreme la puerta,
niña!
-¿Cómo te podré yo
abrir
si la ocasión no es
venida?
Mi padre no fue al
palacio,
mi madre no está
dormida.
-Si no me abres
esta noche,
ya no me abrirás,
querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida
sería.
-Vete bajo la
ventana
donde labraba y
cosía,
te echaré cordón de
seda
para que subas
arriba,
y si el cordón no
alcanzare
mis trenzas
añadiría.
La fina seda se
rompe;
la Muerte que allí
venía:
-Vamos, el
enamorado,
que la hora ya está
cumplida.
Os ofrezco otro romance muy distinto
martes, 2 de diciembre de 2014
Jarcha mozárabe
LÍRICA MEDIEVAL ARÁBIGO-ANDALUZA
LAS JARCHAS
Las jarchas son breves canciones tradicionales, puestos en boca de mujer, en lengua romance, que cantaban al final de unos poemas llamados "moaxajas" los poetas andalusíes árabes o hebreos.
Aquí podéis escuchar una recreación de una de ellas.
Aquí podéis escuchar una recreación de una de ellas.
La épica medieval "El Poema de Mio Cid"
EL CANTAR DE MIO CID
El siguiente vídeo de youtube, os resume las tres partes del Cantar
Rap del Mío Cid
EL CANTAR DE MIO CID
Para acercar la figura del Mío Cid a los jóvenes, un grupo ha compuesto este rap que nos resume las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar. De esta forma se unen los cantares de la Edad Media y una forma de "cantar" muy actual
Queridos
oyentes...
Os quiero deleitar con un poema.
Un poema épico, especial, histórico,
el poema del Mío Cid:
aquel caballero desterrado por su propio rey.
Aquel caballero...¡qué buen vasallo si hubiese tenido buen señor!
Rodrigo Díaz
o Mío Cid, el campeador.
Salvador de Sevilla
contra Almudafar, el traidor.
Siendo sólo un infanzón
las envidias despertó.
Y así lo desterró
el Rey Alfonso, su señor.
Alejolo de sus hijas,
Doña Elvira y Doña Sol;
dejó sola a su mujer,
Doña Jimena y se marchó.
Pero sus mesnadas
sin duda le acompañaban.
Siguiéronle de cerca
allí donde cabalgaba.
Con gran valor
[y a cada paso
Don Rodrigo meditaba:
¡volveremos con gran honor!]
Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]
El ángel Gabriel
visitó a Rodrigo en sueños,
le dijo: "tened fe
y poned todo el empeño,
si obráis por el señor
el perdón será vuestro".
Salió de Toledo
tomó Alcocer y Alcañiz.
Y al conde de Barcelona
apresó en esta lid.
Ganó la espada colada,
y con todos repartió
el botín de una batalla
que en Minaya ganó.
En el pinar de Tévar
ya no hay nadie que no sepa
del campeador.
[Y así con esta fe
Don Rodrigo murmuraba:
¡volveremos con gran honor!]
Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]
Nuestro héroe castellano
asedió y conquistó
la ciudad de Valencia,
y gran honra ganó.
Hasta al Rey Yusuf,
de Marruecos
la noticia llegó.
De allende el mar
este ejército arribó,
y a las puertas de Valencia
ya las tiendas asentó.
Y sin dudar
atacó
con gran furia
el campeador.
Cincuenta mil moros
contra cuatro mil
de los guerreros del cid,
Que vencieron con la ayuda
del creador.
[Y con esta gran victoria,
Don Rodrigo hablaba:
¡volveremos con gran honor!]
Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]
Otro rey moro,
el Rey Búcar en cuestión,
fue a cercar Valencia,
la venganza lo cegó.
Y otros cincuenta mil
de los suyos mandó.
Pero el de Vivar,
que en buena hora nació,
sembró el terror en los moros
y a ninguno dejó.
AlRey Búcar mató.
Ganó la espada Tizón.
Consiguió de su Rey,
Alfonso, el perdón.
Casó a sus hijas amadas
con los reyes de Navarra
y de Aragón.
[Regresó con su mujer,
y a los suyos gritó:
¡hemos vuelto con gran honor!]
Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]
Si, fue la victoria del bajo castellano contra la nobleza leonesa,
de la humildad contra la envidia.
De las raíces de la tierra contra la invasión.
Y este fue el poema,
el poema del Cid Campeador.
Os quiero deleitar con un poema.
Un poema épico, especial, histórico,
el poema del Mío Cid:
aquel caballero desterrado por su propio rey.
Aquel caballero...¡qué buen vasallo si hubiese tenido buen señor!
Rodrigo Díaz
o Mío Cid, el campeador.
Salvador de Sevilla
contra Almudafar, el traidor.
Siendo sólo un infanzón
las envidias despertó.
Y así lo desterró
el Rey Alfonso, su señor.
Alejolo de sus hijas,
Doña Elvira y Doña Sol;
dejó sola a su mujer,
Doña Jimena y se marchó.
Pero sus mesnadas
sin duda le acompañaban.
Siguiéronle de cerca
allí donde cabalgaba.
Con gran valor
[y a cada paso
Don Rodrigo meditaba:
¡volveremos con gran honor!]
Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]
El ángel Gabriel
visitó a Rodrigo en sueños,
le dijo: "tened fe
y poned todo el empeño,
si obráis por el señor
el perdón será vuestro".
Salió de Toledo
tomó Alcocer y Alcañiz.
Y al conde de Barcelona
apresó en esta lid.
Ganó la espada colada,
y con todos repartió
el botín de una batalla
que en Minaya ganó.
En el pinar de Tévar
ya no hay nadie que no sepa
del campeador.
[Y así con esta fe
Don Rodrigo murmuraba:
¡volveremos con gran honor!]
Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]
Nuestro héroe castellano
asedió y conquistó
la ciudad de Valencia,
y gran honra ganó.
Hasta al Rey Yusuf,
de Marruecos
la noticia llegó.
De allende el mar
este ejército arribó,
y a las puertas de Valencia
ya las tiendas asentó.
Y sin dudar
atacó
con gran furia
el campeador.
Cincuenta mil moros
contra cuatro mil
de los guerreros del cid,
Que vencieron con la ayuda
del creador.
[Y con esta gran victoria,
Don Rodrigo hablaba:
¡volveremos con gran honor!]
Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]
Otro rey moro,
el Rey Búcar en cuestión,
fue a cercar Valencia,
la venganza lo cegó.
Y otros cincuenta mil
de los suyos mandó.
Pero el de Vivar,
que en buena hora nació,
sembró el terror en los moros
y a ninguno dejó.
AlRey Búcar mató.
Ganó la espada Tizón.
Consiguió de su Rey,
Alfonso, el perdón.
Casó a sus hijas amadas
con los reyes de Navarra
y de Aragón.
[Regresó con su mujer,
y a los suyos gritó:
¡hemos vuelto con gran honor!]
Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]
Si, fue la victoria del bajo castellano contra la nobleza leonesa,
de la humildad contra la envidia.
De las raíces de la tierra contra la invasión.
Y este fue el poema,
el poema del Cid Campeador.
martes, 25 de noviembre de 2014
Juan Ruiz "Arcipreste de Hita" y el Libro de Buen Amor (SIGLO XIV)
EL ARCIPRESTE DE HITA
[Aquí dise de cómo
fue fablar con doña Endrina el arçipreste]
¡Ay, quán fermosa viene
Doña Endrina por la plaça!
¡Qué talle, qué donayre,
qué alto cuello de garça!
¡Qué cabellos, qué boquilla,
qué color, que buenandança!
Pero tal lugar non era
para fablar en amores,
a mí, luego, me vinieron
muchos miedos e temblores.
Los mis pies e las mis manos
non eran de sí señores,
perdí seso, perdí fuerza,
mudáronse mis colores.
Fablar con muger en plaça
es cosa muy descobierta,
porque, a veçes, mal atado
está el perro tras la puerta.
La buhona con harnero
va tañendo cascaveles,
y menando de sus joyas,
sortijas con alheleles.
Abaxe más la palabra,
dixel quen juego fablaba,
porque tot aquella gente
de la plaça nos miraba.
Començé a decir mi quexa
del amor que me afincaba.
Con la gran pena que paso
vengo vos decir mi quexa;
vuestro amor e deseo
que me afinca, que me aquexa.
Non me tira, non me parte,
non me suelta, non me dexa.
lunes, 24 de noviembre de 2014
RESUMEN DEL MESTER DE CLERECÍA
Para tener un resumen de lo que fue el Mester de Clerecía podemos ver el siguiente vídeo
Gonzalo de Berceo. Siglo XIII
GONZALO DE BERCEO
Este autor nació, con toda probabilidad, hacia finales del siglo
XII, en el pueblo denominado Berceo, aledaño a la abadía de San Millán de la
Cogolla. Se conoce muy poco sobre su vida, solamente que fue sacerdote.
En cuanto a sus obras sabemos más.
El tema de todas ellas versa sobre la Virgen, sobre la misa y la vida de
algunos santos: Santo Domingo de Silos, San Millán, San
Lorenzo, Santa Oria virgen, Santa Auria virgen, y a los que
hay que añadir su famoso Los Milagros de Nuestra Señora. La mayoría de
sus temas son exclusivamente religiosos.
Berceo es el máximo representante del "mester de
clerecía" y su estilo es sencillo y fresco, a veces incluso rústico y le gusta
hacer uso del lenguaje popular. Sus obras están escritas en cuaderna vía (estrofa de cuatro
versos alejandrinos monorrimos) como era habitual en el «mester».
A continuación podemos leer uno de los relatos de Milagros de Nuestra Señora. Hemos enlazado además con un vídeo de youtube, donde se recita dicho milagro y con otra página que realiza un comentario de texto muy bien realizado
EL CLÉRIGO Y LA FLOR
De un
clérigo leemos que era de sesos ido,
y en
los vicios del siglo fieramente embebido;
pero
aunque era loco tenía un buen sentido:
amaba
a la Gloriosa de corazón cumplido.
Como
quiera que fuese al mal acostumbrado,
en
saludarla siempre era bien acordado;
y no
iría a la iglesia, ni a otro mandado
sin
que antes su nombre no hubiera aclamado
Decir
no lo sabría por qué causa o razón
(nosotros
no sabemos si se lo buscó o non)
dieron
sus enemigos asalto a este varón
y
hubieron de matarlo, déles Dios su perdón.
Los
hombres de la villa, y hasta sus compañeros,
que
de lo que pasó no estaban muy certeros,
afuera
de la villa, entre unos riberos
se fueron
a enterrarlo, mas no entre los diezmeros.
Pesóle
a la Gloriosa por este enterramiento,
porque
yacía su siervo fuera de su convento;
aparecióse
a un clérigo de buen entendimiento
y le
dijo que hicieron un yerro muy violento.
Ya
hacía treinta días que estaba soterrado:
en
término tan luengo podía ser dañado;
dijo
Santa María: «Es gran desaguisado
que
yazga mi notario de aquí tan apartado.
Te
mando que lo digas: di que mi cancelario
no
merecía ser echado del sagrario;
diles
que no lo dejen allí otro treintenario
y que
con los demás lo lleven al osario.»
Preguntóle
el clérigo que yacía adormentado:
«¿Quién
eres tú que me hablas? dime quién me ha mandado,
que
cuando dé el mensaje, me será demandado
quién
es el querelloso, o quién el soterrado».
Díjole
la Gloriosa: «Yo soy Santa María,
madre
de Jesucristo que mamó leche mía;
el
que habéis apartado de vuestra compañía
por
cancelario mío con honra lo tenía.
El
que habéis soterrado lejos del cementerio
y a
quien no habéis querido hacerle ministerio
es
quien me mueve a hacerte todo este reguncerio:
si no
lo cumples bien, corres peligro serio.»
Lo
que la dueña dijo fue pronto ejecutado:
abrieron
el sepulcro como lo había ordenado
y
vieron un milagro no simple, y sí doblado;
este
milagro doble fue luego bien notado.
Salía
de su boca, muy hermosa, una flor,
de
muy grande hermosura, de muy fresco color,
henchía
toda la plaza con su sabroso olor,
que
no sentían del cuerpo ni un punto de hedor.
Le
encontraron la lengua tan fresca, y tan sana
como
se ve la carne de la hermosa manzana:
no la
tenía más fresca cuando a la meridiana
se
sentaba él hablando en medio la quintana.
Vieron
que esto pasó gracias a la Gloriosa,
porque
otro no podría hacer tamaña cosa:
trasladaron
el cuerpo, cantando Specïosa,
más
cerca de la iglesia a tumba más preciosa.
Todo
hombre del mundo hará gran cortesía
si
hiciere su servicio a la Virgo María:
mientras
vivo estuviere, verá placentería
y
salvará su alma al postrimero día.
(versión
modernizada de Daniel Devoto, Ed. Castalia, «Odres Nuevos.», 1976)
EL CLÉRIGO Y LA FLOR
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