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martes, 19 de octubre de 2021

domingo, 6 de octubre de 2019





CANTAR DEL MÍO CID

(Episodio del Cid y el león)

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En Valencia con los suyos     vivía el Campeador;

con él estaban sus yernos,     Infantes de Carrión.
Un día que el Cid dormía     en su escaño, sin temor,
un mal sobresalto entonces,     sabed, les aconteció:
Escapóse de una jaula,     saliendo fuera, un león.
Los que estaban en la Corte     sintieron un gran temor;
recogiéronse sus mantos      los del buen Campeador,
y rodean el escaño     en guarda de su señor.
Allí Fernando González,     Infante de Carrión,
ni en las salas ni en la torre     donde esconderse encontró;
metióse bajo el escaño,      tan grande fije su pavor.
Diego González, el otro,    por la puerta se salió
diciendo con grandes gritos:     -¡Ay, que no veré Carrión!
Tras la viga de un lagar     metióse con gran temor;
todo el manto y el brial     sucios de allí los sacó.
En esto que se despierta     el que en buen hora nació;
de sus mejores guerreros    cercado el escaño vio:
-¿Qué pasa aquí, mis mesnadas?     ¿Qué queréis? ¿Qué aconteció?
-Es que, mi señor honrado,     un susto nos dio el león.
Apoyándose en el codo,     en pie el Cid se levantó:
El manto se pone al cuello     y encaminóse al león.
La fiera, cuando vio al Cid    al punto se avergonzó;
allí bajó la cabeza,     y ante él su faz humilló.
Nuestro Cid Rodrigo Díaz      por el cuello lo tomó,
y lo lleva de su diestra     y en la jaula lo metió.
A maravilla lo tiene todo     el que lo contempló.
Volviéronse hacia la sala     donde tienen la reunión.
Por sus dos yernos Rodrigo     preguntó, y no los halló;
aunque a gritos los llamaban,     ni uno ni otro respondió,
y cuando los encontraron,      los hallaron sin color.
No vieseis allí qué burlas    hubo en aquella ocasión;
mandó que tal no se hiciese    nuestro Cid Campeador.
Sintiéronse avergonzados     Infantes de Carrión;
fiera deshonra les pesa     de lo que les ocurrió.



Anónimo


Este fragmento pertenece al Cantar de la afrenta de Corpes, tercera parte de “El Cantar del Mío Cid”, ya que hace referencia a un suceso en el que los Infantes de Carrión son humillados por los hombres de El Cid

domingo, 18 de octubre de 2015

JORGE MANRIQUE (I)



JORGE MANRIQUE (Siglo XV)

Si te interesa conocer algo de la vida de Jorge Manrique, puedes ver este vídeo de youtube, que hace un resumen de su biografía. En él puedes darte cuenta de la importancia de este personaje en la época que le toco vivir







  El siguiente vídeo (enlazado desde Youtube), es una adaptación del cantautor Amancio Prada, de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Si te fijas bien en ella, puedes entender el sentimiento del hombre de la Edad Media.




ROMANCES MEDIEVALES



     

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EL ROMANCE


     El romance es un poema formado por una serie indefinida de versos octosílabos, de los cuales los versos pares riman en asonante y los impares quedan libres.

     Los romances en la Edad Media, se difundían oralmente, esto es, se pasaban de unos a otros como las leyendas de hoy en día ya que por aquel entonces casi no existían los libros, posteriormente sí que los recopilaron todos en un libro llamado el romancero.

     El romancero es la agrupación de todos los romances que se han escrito desde el siglo XIV hasta nuestros días.

    El romancero viejo: Está formado por todos los romances anónimos compuestos desde el siglo XIV al siglo XVI. Centenares de romances que desplazaron a los extensos cantares de gesta.

    El romancero nuevo: Está formado por todos los romances nuevos o artísticos escritos por autores cultos (Lope, Quevedo, Cervantes…) y conocidos a partir de la segunda mitad del siglo XVI.

      Como ejemplo podemos escuchar el Romance El Enamorado y la Muerte, interpretado de forma excepcional por el músico y folklorista Joaquín Díaz







ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE

Un sueño soñaba anoche
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
-¿Por dónde has entrado, amor?
¿Como has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
-No soy el amor, amante;
la Muerte que Dios te envía.
-¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
-Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
-¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
-¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
-Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
-Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
-Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.







Os ofrezco otro romance muy distinto






martes, 2 de diciembre de 2014

Jarcha mozárabe

LÍRICA MEDIEVAL ARÁBIGO-ANDALUZA

LAS JARCHAS


Las jarchas son breves canciones tradicionales,  puestos en boca de mujer,  en lengua romance, que  cantaban al final de unos poemas llamados "moaxajas" los poetas andalusíes árabes o hebreos. 


Aquí podéis escuchar una recreación de una de ellas.


La épica medieval "El Poema de Mio Cid"

EL CANTAR DE MIO CID

El siguiente vídeo de youtube, os resume las tres partes del Cantar

















Rap del Mío Cid

 EL CANTAR DE MIO CID

Para acercar la figura del Mío Cid a los jóvenes, un grupo  ha compuesto este rap que nos resume las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar. De esta forma se unen los cantares de la Edad Media y una forma de "cantar" muy actual
 
Queridos oyentes...
Os quiero deleitar con un poema.
Un poema épico, especial, histórico,
el poema del Mío Cid:
aquel caballero desterrado por su propio rey.
Aquel caballero...¡qué buen vasallo si hubiese tenido buen señor!

Rodrigo Díaz
o Mío Cid, el campeador.
Salvador de Sevilla
contra Almudafar, el traidor.

Siendo sólo un infanzón
las envidias despertó.
Y así lo desterró
el Rey Alfonso, su señor.

Alejolo de sus hijas,
Doña Elvira y Doña Sol;
dejó sola a su mujer,
Doña Jimena y se marchó.

Pero sus mesnadas
sin duda le acompañaban.
Siguiéronle de cerca
allí donde cabalgaba.

Con gran valor
[y a cada paso
Don Rodrigo meditaba:
¡volveremos con gran honor!]

Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]

El ángel Gabriel
visitó a Rodrigo en sueños,
le dijo: "tened fe
y poned todo el empeño,
si obráis por el señor
el perdón será vuestro".

Salió de Toledo
tomó Alcocer y Alcañiz.
Y al conde de Barcelona
apresó en esta lid.

Ganó la espada colada,
y con todos repartió
el botín de una batalla
que en Minaya ganó.

En el pinar de Tévar
ya no hay nadie que no sepa
del campeador.

[Y así con esta fe
Don Rodrigo murmuraba:
¡volveremos con gran honor!]

Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]

Nuestro héroe castellano
asedió y conquistó
la ciudad de Valencia,
y gran honra ganó.

Hasta al Rey Yusuf,
de Marruecos
la noticia llegó.

De allende el mar
este ejército arribó,
y a las puertas de Valencia
ya las tiendas asentó.

Y sin dudar
atacó
con gran furia
el campeador.

Cincuenta mil moros
contra cuatro mil
de los guerreros del cid,

Que vencieron con la ayuda
del creador.
[Y con esta gran victoria,
Don Rodrigo hablaba:
¡volveremos con gran honor!]

Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]

Otro rey moro,
el Rey Búcar en cuestión,
fue a cercar Valencia,
la venganza lo cegó.

Y otros cincuenta mil
de los suyos mandó.

Pero el de Vivar,
que en buena hora nació,
sembró el terror en los moros
y a ninguno dejó.

AlRey Búcar mató.
Ganó la espada Tizón.
Consiguió de su Rey,
Alfonso, el perdón.

Casó a sus hijas amadas
con los reyes de Navarra
y de Aragón.

[Regresó con su mujer,
y a los suyos gritó:
¡hemos vuelto con gran honor!]

Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Mío Cid, el caballero desterrado.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
[A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.]


Si, fue la victoria del bajo castellano contra la nobleza leonesa,
de la humildad contra la envidia.
De las raíces de la tierra contra la invasión.
Y este fue el poema,
el poema del Cid Campeador.



martes, 25 de noviembre de 2014

Juan Ruiz "Arcipreste de Hita" y el Libro de Buen Amor (SIGLO XIV)


EL ARCIPRESTE DE HITA

[Aquí dise de cómo fue fablar con doña Endrina el arçipreste]

¡Ay, quán fermosa viene
Doña Endrina por la plaça!
¡Qué talle, qué donayre,
qué alto cuello de garça!
¡Qué cabellos, qué boquilla,
qué color, que buenandança!

Pero tal lugar non era
para fablar en amores,
a mí, luego, me vinieron
muchos miedos e temblores.
Los mis pies e las mis manos
non eran de sí señores,
perdí seso, perdí fuerza,
mudáronse mis colores.

Fablar con muger en plaça
es cosa muy descobierta,
porque, a veçes, mal atado
está el perro tras la puerta.
La buhona con harnero
va tañendo cascaveles,
y menando de sus joyas,
sortijas con alheleles.

Abaxe más la palabra,
dixel quen juego fablaba,
porque tot aquella gente
de la plaça nos miraba.
Començé a decir mi quexa
del amor que me afincaba.

Con la gran pena que paso
vengo vos decir mi quexa;
vuestro amor e deseo
que me afinca, que me aquexa.
Non me tira, non me parte,
non me suelta, non me dexa.

lunes, 24 de noviembre de 2014

RESUMEN DEL MESTER DE CLERECÍA



Para tener un resumen de lo que fue el Mester de Clerecía podemos ver el siguiente vídeo




Gonzalo de Berceo. Siglo XIII


 GONZALO DE BERCEO

Este autor nació, con toda probabilidad, hacia finales del siglo XII, en el pueblo denominado Berceo, aledaño a la abadía de San Millán de la Cogolla. Se conoce muy poco sobre su vida, solamente que fue sacerdote.
 En cuanto a sus obras sabemos más. El tema de todas ellas versa sobre la Virgen, sobre la misa y la vida de algunos santos: Santo Domingo de Silos, San Millán, San Lorenzo, Santa Oria virgen, Santa Auria virgen, y a los que hay que añadir su famoso Los Milagros de Nuestra Señora. La mayoría de sus temas son exclusivamente religiosos.
 Berceo es el máximo representante del "mester de clerecía" y su estilo es sencillo y fresco, a veces incluso rústico y le gusta hacer uso del lenguaje popular. Sus obras están  escritas en cuaderna vía (estrofa de cuatro versos alejandrinos monorrimos) como era habitual en el «mester». 
A continuación podemos leer uno de los relatos de Milagros de Nuestra Señora. Hemos enlazado además con un vídeo de youtube, donde se recita dicho milagro y con otra página que realiza un comentario de texto muy bien realizado



EL CLÉRIGO Y LA FLOR



De un clérigo leemos     que era de sesos ido,
y en los vicios del siglo    fieramente embebido;
pero aunque era loco    tenía un buen sentido:
amaba a la Gloriosa    de corazón cumplido.

Como quiera que fuese    al mal acostumbrado,
en saludarla siempre    era bien acordado;
y no iría a la iglesia,    ni a otro mandado
sin que antes su nombre    no hubiera aclamado

Decir no lo sabría    por qué causa o razón
(nosotros no sabemos    si se lo buscó o non)
dieron sus enemigos    asalto a este varón
y hubieron de matarlo,    déles Dios su perdón.

Los hombres de la villa,    y hasta sus compañeros,
que de lo que pasó    no estaban muy certeros,
afuera de la villa,    entre unos riberos
se fueron a enterrarlo,    mas no entre los diezmeros.

Pesóle a la Gloriosa    por este enterramiento,
porque yacía su siervo    fuera de su convento;
aparecióse a un clérigo    de buen entendimiento
y le dijo que hicieron    un yerro muy violento.

Ya hacía treinta días    que estaba soterrado:
en término tan luengo    podía ser dañado;
dijo Santa María:    «Es gran desaguisado
que yazga mi notario    de aquí tan apartado.

Te mando que lo digas:    di que mi cancelario
no merecía ser    echado del sagrario;
diles que no lo dejen    allí otro treintenario
y que con los demás    lo lleven al osario.»

Preguntóle el clérigo    que yacía adormentado:
«¿Quién eres tú que me hablas?    dime quién me ha mandado,
que cuando dé el mensaje,    me será demandado
quién es el querelloso,    o quién el soterrado».

Díjole la Gloriosa:    «Yo soy Santa María,
madre de Jesucristo    que mamó leche mía;
el que habéis apartado    de vuestra compañía
por cancelario mío    con honra lo tenía.

El que habéis soterrado    lejos del cementerio
y a quien no habéis querido    hacerle ministerio
es quien me mueve a hacerte    todo este reguncerio:
si no lo cumples bien,    corres peligro serio.»

Lo que la dueña dijo    fue pronto ejecutado:
abrieron el sepulcro    como lo había ordenado
y vieron un milagro    no simple, y sí doblado;
este milagro doble    fue luego bien notado.

Salía de su boca,    muy hermosa, una flor,
de muy grande hermosura,    de muy fresco color,
henchía toda la plaza    con su sabroso olor,
que no sentían del cuerpo    ni un punto de hedor.

Le encontraron la lengua    tan fresca, y tan sana
como se ve la carne    de la hermosa manzana:
no la tenía más fresca    cuando a la meridiana
se sentaba él hablando    en medio la quintana.

Vieron que esto pasó    gracias a la Gloriosa,
porque otro no podría    hacer tamaña cosa:
trasladaron el cuerpo,    cantando Specïosa,
más cerca de la iglesia     a tumba más preciosa.

Todo hombre del mundo     hará gran cortesía
si hiciere su servicio     a la Virgo María:
mientras vivo estuviere,      verá placentería
y salvará su alma     al postrimero día.

 (versión modernizada de Daniel Devoto, Ed. Castalia, «Odres Nuevos.», 1976)

EL CLÉRIGO Y LA FLOR